A quien se interese por la política internacional y se quiera enterar de cuáles son los antecedentes de la situación política actual en Irán y en el Medio Oriente, no le será fácil hallar relatos veraces de la Revolución Islámica, fenómeno inédito y sorprendente en su tiempo, y hoy muy atacada por los medios y círculos académicos occidentales. Sea cual sea el juicio que nos merezcan los acontecimientos recientes, leyendo los periódicos parece como si el presente estado de cosas hubiese descendido del cielo. El lector curioso e inquisitivo debe conformarse con unas pocas vagas referencias al régimen de Mohammed Reza Palhevi, cuya vida y corte dio tanto a ganar a las revistas del corazón en el siglo pasado. Si uno mira en Wikipedia, u otro sitio por el estilo, se encontrará con narrativas previsiblemente favorables al Sha, al cual se le presenta bañado en una injustificada luz benevolente.
El comienzo de una búsqueda puede ser aguijoneado por un sentimiento de nostalgia. Y así como nos ocurre no reconocer a personas que fueron cercanas, pero que hace décadas no vemos, yo desconocía y extrañaba estos hechos inverosímiles, al menos tal y como se cuentan, o, más bien, se ignoran hoy. Así que buscando encontré un nombre difícil, Kapuscinski, con acento en la s y en la n; y me dejé convencer por ese nombre que acarrea prestigio en el mundo del periodismo, aunque no crea ni mucho ni poco en los prestigios que nos vende el periodismo. Di con su libro sobre el Irán prerrevolucionario, “El Sha o la desmesura del poder”, y me adentré en él, con placer, como si hiciera un viaje a un país lejano y a un tiempo, que fueron míos, de algún modo, pero que ya había olvidado. En el otoño que vuelve “Il cor sentì che il giorno era più breve”, como canta el verso de D’Annuncio. Vemos las calles de Teherán desiertas, heladas por el viento de las montañas, dolorosamente solitarias tras meses de agitación revolucionaria. El triunfo las ha vaciado como no pudo la represión brutal del Sha. Después de la euforia: el regreso a lo ordinario, la tristeza. Cada individuo se refugia en decenas de conocidos expedientes para superar la depresión y la resaca que deja la ebriedad revolucionaria de la que hablaba Foucault. El periodista polaco nos cuenta que asiste a comités donde jóvenes barbudos, desconocidos e inexpertos, discuten eternamente sobre todo, pero básicamente todo vuelve siempre a la misma cuestión: ¿Qué hacer ahora que hemos ganado?
Pero antes de llegar a ese punto, hay una historia que pide ser contada de una manera, y no de una cualquiera, sino de ésa que sólo a ella le conviene. Se repiten tristes habitaciones de hotel en más de veinte países, ¿cómo puede alguien haber vivido más de 20 revoluciones por todo el mundo en el breve período de una vida?, habitaciones a las que el desorden de cien cosas descolocadas, dejadas apresuradamente de cualquier modo vuelven más habitables y personales. Con fotos, grabaciones, películas, textos de periódicos viejos, recuerdos de conversaciones, relatos de vivencias propias y ajenas, en primera y tercera persona, a veces mezclándolas, como si de un collage se tratara, Kapuscinski se las arregla para evocar la terrible experiencia de una revolución, y lo hace con cadencias y acentos que le son propios, alejándose de los ritmos machacones, sincopando los compases de lo vivido. ¿Quién es ese señor tan indefenso que llora en un aeropuerto, y que rezonga que no tiene tanto dinero como se piensa? Así, desprovisto del fulgor de todas sus joyas y de los rayos que emanan del trono del pavo real, parece tan poca cosa. Su delirio tomó cuerpo el día que, con la subida de los precios de petróleo, se vio con unos ingresos decuplicados, a manejar discrecionalmente sin tener que dar explicaciones a nadie. Luego, los sueños de grandeza y de modernización, la Revolución Blanca y la Gran Civilización. En diez años, prometía el Sha, Irán sería la tercera potencia militar, y todos los iraníes vivirían como norteamericanos. No hay que perderse el genial relato de cómo fracasan los planes modernizadores del Sha, apoteosis de lo chusco y lo kafkiano. En la corte, la soberbia, la desidia, la vanidad, la corrupción sin medida, la adulación, el lujo, la locura y el fracaso estrepitoso. En frente, un pueblo siempre orgulloso y rebelde, pero sumido en la ignorancia, el analfabetismo, el terror y el abandono secular; un pueblo despreciado, humillado, engañado y, finalmente, masacrado bestialmente por sus gobernantes. No había alternativa al sometimiento intolerable que el enfrentamiento sangriento, a pecho descubierto, sin armas, porque las armas las tenía todas el ejército. Y ocurrió que el pueblo, mayormente de origen campesino, viendo que la modernidad era la bandera de los que lo oprimían sin compasión, se escudó en quienes lo escuchaban y acompañaban en su desventura: los mullahs. Los ciclos de duelo a la antigua, de cuarenta días, marcaban el tiempo de las multitudinarias manifestaciones, y de su ahogamiento en sangre, con miles de víctimas —niños, mujeres, ancianos— asesinadas a sangre fría. El Tudeh estaba acabado, la SAVAK no había dejado a muchos después de la destitución de Mossadeq. Sólo en la mezquita no se atrevían a entrar a sangre y fuego, aunque es cierto que martirizaron a innumerables clérigos y Ayatollahs. A uno de ellos, muy popular, le faltaban los párpados; se los habían quemado para que no cerrara los ojos mientras violaban en su presencia a su hija hasta la muerte. En cualquier caso, todo poder tiene límites: no podían arrasar las mezquitas —la Shi’a está demasiado unida a la identidad nacional—, el único sitio donde era posible hablar con libertad, y en Teherán hay miles de ellas. Kapuscinski sabe y muestra cuál es la fuerza del detalle, de lo concreto; por eso nos cuenta el país entero con anécdotas de personajes reales, sencillos, desapercibidos, algunas de ellas conmovedoras. Para terminar, en esos días de hastío tras las conmociones, reflexiona sobre la locura del Sha y sobre su método: es preciso olvidar los injertos, las tutelas, los mimetismos de los planes de desarrollo propiciados desde burocracias militares y poderes foráneos, que no se acompasan con la inmensa mayoría del pueblo y de sus necesidades; hace falta, primero, llevar el progreso, las mejoras, la educación, las infraestructuras y la industria al campo. Sorprendentemente, este modelo es el que siempre defendió Mao Zedong para China, distinto al que le aconsejaban desde Moscú, aquel de concentrar la inversión del excedente en las ciudades, y que luego tendría vía libre bajo los auspicios de Deng.
“El Sha” de R. Kapuscinski
Noviembre 11, 2009 por qilomboEncrucijada italiana
Noviembre 9, 2009 por qilomboItalia estuvo siempre a merced de potencias exteriores más fuertes que sus pequeños principados y repúblicas, especialmente desde la formación de los estados nacionales europeos. El referente de un estado fuerte tiene que buscarse en el antiguo Imperio Romano. Aquellas monarquías recién unificadas, España, Francia, etc., favorecían a unas soberanías y atacaban a otras, se peleaban por el control de la península, y las débiles ciudades, que se jugaban más que los extranjeros, para sobrevivir, tenían que gobernarse cautelosa y osadamente, tejiendo y traicionando frágiles alianzas con los poderosos, navegando por un mar cambiante y lleno de asechanzas. La proliferación del genio italiano es, en parte, una función de esta falta de unidad, de esta debilidad colectiva que hizo la fuerza individual de numerosos talentos. Ello fue posible sólo porque Italia se construyó como un artefacto de múltiples partes encabalgado sobre la divisoria entre oriente y occidente, y también sobre otra que separaba norte y sur. La tardía unificación se hizo sobre la base de intereses geopolíticos circunstanciales y sobre la ficción de una identidad entre el paese septentrional, europeo, comercial y fábril y el meridional, agrario, borbónico y tradicional. El fascismo surge, en parte, de esa desarticulación fundamental. Después de la Segunda Guerra Mundial, Italia pasó a estar partida por un meridiano planetario de vasto alcance; por el mismo corazón de la península pasaba el telón de acero, algo que, si bien se mira, constituía una oportunidad como pocas de adquirir una importancia de la que se carecía hasta ese emomento. La proximidad de las repúblicas populares, el partido comunista más grande de occidente, la cabeza de la iglesia más formidable del mundo —la católica, por supuesto—, protagonista muy importante en la batalla ideológica europea y mundial, y sus epígonos políticos, la DC, fueron algunas de las piezas en este tablero de ajedrez. En las masivas concentraciones en la plaza de San Giovanni in Laterano, donde Toggliatti y Berlinguer se dirigían a los comunistas, y en las multitudinarias recepciones del Papá en San Pedro, imagenes especulares de dos cosmovisiones definitivas, se escenificaba esa confrontación local, aunque también global. Se puede decir que Italia perdió la Guerra Fría. Dejó de ser protagonista, todos sus referentes se desvanecieron, y quedaron al descubierto las lacras que hasta entonces habían sido ocultadas o ignoradas en el ruido de la enconada batalla. ¿La Iglesia también? Sí, también perdió protagonismo e importancia, internacional y localmente, aunque no sólo como fruto de esa tensión ideológica resuelta, en cierta medida y afortunadamente, de modo pacífico, sino, primordialmente, por efecto del progresivo descreimiento de las sociedades industrializadas capitalistas, las vencedoras en el formidable combate contra el enemigo rojo. El catolicismo reverdecido en Polonia no fue sino el efecto pasajero de la necesidad opositora a un régimen que había perdido el favor de la mayoría. Italia tiene que encontrarse a sí misma en esta nueva circunstancia histórica, asumiendo los influjos de inmigrantes, los desafíos de la globalización y la pluralidad cultural del mundo nuevo que se avecina.
Entrevista con Arundhati Roy
Noviembre 8, 2009 por qilombo“Parece, y sólo es el principio, que la urgencia de una tasa de crecimiento del 10% y la democracia son mutuamente incompatibles… porque este crecimiento está basado en el desplazamiento de millones de personas de sus tierras. Está basado en la extracción de minerales y en utilizar los ríos de una manera que resulta absolutamente destructiva desde el punto de vista ecológico. Y todo esto se ha hecho manteniendo los rituales de la democracia, pero vaciándolos de contenido. Así, tenemos los tribunales, la prensa y la policía fingiendo que hacen su trabajo, fingiendo que actúan como contrapesos y frenos, como se supone que deben las instituciones democráticas, pero, de hecho, todos ellos tienen intereses en ese proceso. Actúan como tapadera para los ricos, que desmantelan la democracia desde el fondo.”
Este episodio del programa de Riz Khan fue emitido en vivo por Al Jazeera el 2 de noviembre del 2009. Vea, también, Karan Thapar, “La democracia india en estado de emergencia”, entrevista con Arundhati Roy, CNN-IBN.
Irán prefiere a Argentina
Noviembre 7, 2009 por qilomboIrán prefiere que Argentina le suministre el uranio enriquecido. A Francia se la ve como el país más agresivo de Europa, y por eso las autoridades iraníes quieren dejarla fuera de cualquier acuerdo en este sentido. Argentina tendría la ventaja adicional de ser un actor muy confiable para los Estados Unidos. La prensa europea ha difundido la falsa noticia de que Irán se ha echado atrás en un pretendido acuerdo nuclear, pero lo cierto es que el gobierno iraní nunca se comprometió en nada. Con Argentina hubo negociaciones sobre el tema de la transferencia de tecnología y combustible nuclear en el 93 y el 94. Quedaron interrumpidas ese mismo año por el atentado contra la Amia. Irán siempre ha negado con firmeza cualquier implicación, y acusa a elementos de las Juntas militares en connivencia con los servicios secretos israelíes de haber preparado el atentado para reventar las relaciones bilaterales. Sin duda, Israel presionará a Argentina; veremos cuál es el grado de independencia de la república sudamericana.
El informe de Save the Children
Noviembre 6, 2009 por qilomboMillones de niños amenazados por los desastres naturales.
Ginebra, 6
En los próximos diez años más de 175 millones de menores se verán envueltos en desastres naturales provocados por el cambio climático. Tal previsión se contiene en un informe de la organización Save The Children, difundido en el momento de celebrarse la cumbre sobre el clima de Barcelona, última cita de negociación antes de la conferencia de diciembre en Copenaghen.
Según el informe de Save The Children, los cambios debidos al sobrecalentamiento del planeta constituyen la amenaza más grave a la salud y a la supervivencia de los niños en el siglo XXI. Faltando medidas inmediatas y drásticas, “los aluviones, ciclones y carestías golpearán a los niños todavía con más dureza y con más frecuencia”, se lee en el dosier. Esto llevará a un aumento de algunas enfermedades como la malaria, pulmonía y diarrea. El escenario temido es que entonces las causas actuales de mortalidad infantil se acentúen. Según las estimaciones, los millones de niños muertos cada año por la disentería aumentará en un 10% en el 2020. La malnutrición, que actualmente aflige a 178 millones de niños y es la causa de la muerte de 3,2 millones cada año, golpeará a 25 millones en exceso de dichas cifras de aquí al 2050. La malaria, de la que actualmente son víctimas un millón de menores, afectará a más de 320 millones de personas antes del 2080.
(©L’Osservatore Romano – 7 novembre 2009)
Fragmentos de la nota de Save the Chidren sobre el informe:
Como en la mayoría de los casos, las familias más pobres de las comunidades más pobres serán las más afectadas, ya que el cambio climático reduce su acceso al agua potable y su capacidad de cultivar alimentos nutritivos, incrementa el precio de los alimentos y permite que se propaguen los mosquitos portadores de la malaria. Y de estas comunidades, los niños y las niñas, especialmente los menores de cinco años, serán los más afectados.
Resulta paradójico que todos sepamos que estos niños y niñas son los que no tienen ningún tipo de responsabilidad en el cambio climático y que, sin embargo, sean ellos los más afectados. Y es nuestra responsabilidad, desde las naciones más prosperas, no sólo ayudar a los países en desarrollo, sino comprometernos a reducir nuestras emisiones de gases de efecto invernadero, las mismas emisiones que durante siglos hemos estado “aportando” a la atmósfera. En las Conversaciones sobre Cambio Climático que se celebran esta semana en Barcelona, el grupo de países africanos daba un golpe sobre la mesa y mostraba una unión sin precedentes para exigir esto mismo y lograr que occidente se comprometiese realmente y con un acuerdo firme a reducir sus emisiones.
Se puede leer la nota entera aquí.
Documento completo en Pdf:
http://www.savethechildren.es/docs/Ficheros/281/Viviendo%20el%20Calentamiento%20Global.pdf
Patrulla y cerco en el Índico
Noviembre 6, 2009 por qilomboMatizo mi anterior post, reactivo y emocional, con una especulación que he leído en este blog.
El secuestro del buque y los sucesivos episodios serían una escenificación concertada para distraer la atención de otros problemas en las proximidades de aquella región: Afganistán, Irán, etc. Se trataría de ofrecerle una coartada al gobierno de España para aumentar su presencia militar-naval en la zona, ayudando de modo disimulado a completar el cerco a Persia. Las fuerzas españolas realizarían una tarea de vigilancia de esas aguas para la que están capacitadas desde que en la Guerra del Golfo ya se hicieron cargo de ella.
Los piratas, la legión, la cabra y Perejil
Noviembre 6, 2009 por qilomboSe veía venir, el gobierno español se lo puso a huevo cuando capturaron a los dos negritos y los trasladaron a una cómoda celda en España, con tres comidas, médico, gimnasio, escuela y taller, mientras la tripulación seguía secuestrada. Mente privilegiada. Este guisado se arregla con Perejil y un par, a la Arturo Pérez Reverte, la legión, la cabra y la madre que los parió. Si hasta los canadienses se cagaron por la pata arriba cuando a Fraga le tocaron los fletanes y los palomares. Hay mucho exquisito que no quiere comer panga ni le vale el lenguado de granja. Y ahora ¿qué? Fiat iustitia, et pereat mundus. Escucharemos, como siempre, la monástica letanía de Fernández de la Vega sobre el gobierno que “cumple y hace cumplir las leyes del estado de derecho”.
Reconsideración de Marx
Noviembre 5, 2009 por qilomboAunque Benedicto XVI atacó el marxismo institucionalizado hace dos años — ¿no lo hizo también Mao Zedong en la Revolución Cultural?—, L’Osservatore Romano, el diario oficial del Vaticano, ha publicado una nota el pasado mes de octubre en la que se reconsidera la figura y obra del genial filósofo alemán. El mismo que describió la religión como “opio del pueblo” se une así a una lista de personalides históricas que han recibido un nuevo tratamiento por parte de la Iglesia: Galileo, Darwin, Wilde…
El artículo destaca las críticas tempranas de Marx al capitalismo y la alienación que éste produce en una gran parte de la humanidad, que permanece excluida. El profesor Sans afirma que Marx es especialmente relevante hoy, y se hace la siguiente pregunta: “Si el dinero no se reproduce a sí mismo, ¿cómo se concentra la riqueza en unas pocas manos?”
Recientemente el Vaticano erigió una estatua a Galileo, declaró las teorías de Darwin compatibles con la fe cristiana y afirmó de Oscar Wilde que “tras una máscara de amoralidad, se cuestionaba qué era justo y qué era errado”. El profesor Sans arguye que lo que más daño le ha hecho al marxismo fue la apropiación que de él realizaron los regímenes comunistas en el siglo XX. El profesor se hace eco de las críticas del Papa al capitalismo desenfrenado en su última encíclica.
Una vez más la Iglesia desborda por la izquierda a los “izquierdistas”. Ya en los años setenta el poderosísimo magnate Rockefeller advertía — seguramente exagerando mucho la nota— que el verdadero enemigo en Latinoamérica, el más mortal pues se hallaba en el patio trasero, no era el comunismo, sino la Iglesia Católica. De ahí su financiación de las iglesias evangélicas en todo el continente.
En otro orden de cosas, 23 agentes de la CIA se lo pensarán antes de abandonar los Estados Unidos ahora que un tribunal italiano los ha condenado en ausencia por secuestrar a un imán en Milán y enviarlo a Egipto, donde el clérigo afirma haber sido torturado. Si son dedetenidos en algún país que tenga un tratado de extradición con Italia podrían pasar entre 5 y 8 años en la cárcel. La administración Obama ha condenado el veredicto.
http://www.truthdig.com/eartotheground/item/20091026_marx_gets_a_boost_from_the_vatican/
http://www.timesonline.co.uk/tol/comment/faith/article6884704.ece
Lévi-Strauss (II)
Noviembre 4, 2009 por qilomboHa muerto Lévi-Strauss, el antropólogo que nunca se interesó en la tradición judeo-cristiana
El rechazo a afrontar las raíces de la cultura occidental
L’Osservatore Romano 05.11.09
de Lucetta Scaraffia
Lévi-Strauss ha sido uno de los grandes intelectuales del siglo XX, uno de ésos que han fundado la cultura en la que vivimos. Su obra más célebre, aunque la menos científica, Tristes trópicos, desde su aparición forma parte del canon de las obras indispensables en el currículo de una persona culta. Se trata, en efecto, de una obra que ha cambiado el modo de pensar y de sentir la relación con las culturas distintas de la nuestra, aquellas que habíamos llamado –antes de Lévi-Strauss– primitivas, y que él preferiría llamar salvajes en el sentido de no tocadas por la civilización occidental. Gracias a este libro, de hecho, el mundo occidental no es la norma absoluta, sino una manera entre otras de percibir el mundo y de entrar en contacto con él.
Mucho más que con el método de investigación que inventó– el estructuralismo–, ha influenciado la cultura contemporánea con su figura, su modelo, las infinitas entrevistas que ha concedido y a través de las cuales ha impuesto un nuevo rol para el antropólogo: gracias a su “mirada de lejos”, el antropólogo se convierte en uno de los más significativos interpretes y críticos de la civilización a la que pertenece. Lévi-Strauss ha hecho todavía más: ha cambiado la definición de ser humano, ha propuesto una justificación científica para el relativismo, ha inventado la ecología.
Con su vida aventurera — los años pasados en Brasil y en la investigación de campo se añaden a aquellos del exilio en Nueva York durante la guerra, decisivos para la creación de vínculos intelectuales con el mundo estadounidense y con otros intelectuales exilados, desde el surrealista André Breton al linguista Roman Jakobson —, pero también con la lluvia de reconocimientos llegados de todas las universidades del mundo, con su extraordinaria capacidad de trabajo, su pasión por el arte contemporáneo y por la música– ha escrito presentaciones de las operas de Wagner, de quien admiraba el coraje para afrontar temas mitológicos— Claude Lévi-Strauss constituye el modelo más completo de intelectual del siglo XX. Su modernidad es evidente sobre todo en la investigación de un método científico para las ciencias humanas, que permita finalmente también a éstas alcanzar resultados ciertos, resultados confirmados con instrumentos lógico-matemáticos: para él, el mundo es como un texto, todo se reduce a conseguir leerlo y comprenderlo correctamente. El étnologo no puede contentarse con describir la sociedad que estudia, y con interpretar los elementos evidentes, sino que debe buscar los símbolos — como los vínculos de parentesco y los mitos— y comprender en virtud de qué reglas desconocidas éstos se combinan.
Al mito se le considera por el antopólogo un objeto autónomo, movido de una lógica propia. Para descubrir esta lógica permanece ligado a la linguística, la única entre las ciencias del hombre que puede reivindicar el estatuto de ciencia exacta, y que le permite elaborar su método, el análisis estructural. Esta aspiración a la certeza científica lo ha llevado, en los últimos años, a decir que la llave del funcionamiento del espíritu humano — aquella que buscaba descubrir en el análisis estructural de los símbolos culturales — hoy la tienen los neurólogos, proque se encuentra en el cerebro del ser humano. Este flirt con la neurociencia puede parecer contradictorio en un hombre que siempre sostuvo que todo era cultura, pero corresponde sin duda a su materialismo de base y a su fe en la evidencia científica. Y por lo demás no es una contradicción con su concepción del ser humano, lejanísma de la idea del hombre como imagen de Dios, y con su rechazo de todos los humanismos. El mundo existía antes que nosotros: “Arrogándose el derecho de separar la humanidad de la animalidad, concediendo a una todo lo que se negaba a la otra, (el hombre occidental) abre un ciclo maldito”.
Su posición a favor de la naturaleza y del medio ambiente contra todas las intervenciones humanas hacen de él un ecólogo ante litteram — “el hombre está destruyendo su entorno ambiental y terminará por destruirse a sí mismo” escribe: en la conferencia que da en 1976 en los estados Unidos, en el Barnard College (“Estructuralismo y ecología”) el título señala la primera aparición oficial de la palabra. Repensando los grandes mitos producto de la imaginación humana, él reencuentra trazas de la ruptura cultural del hombre con el mundo natural y del desasosiego que tal ruptura ha dejado en nuestra alma.
La suya es así una modernidad absoluta, reforzada por un irreductible ateísmo. Para Lévi-Strauss la única religión es la ciencia, entendida sobre todo como explicación científica de lo real, que se encuentra hasta el fin en el corazón de su trabajo, mientras se niega a extender su investigación al sentido de las cosas: “La cuestión del sentido no es nada más que un artefacto humano”. De hecho, Lévi-Strauss se mantuvo siempre lejano de la pregunta por el sentido por excelencia, aquella sobre la vida y la muerte, y sobre la relación de los seres humanos con Dios.
En miles de entrevistas que ha concedido en los últimos decenios, a menudo se le ha preguntado cuál fue su relación con Dios: siempre procuró hacer comprender a su interlocutor que la fe religiosa o la existencia de Dios eran para él cuestiones privadas de sentido, que nunca se planteó y que nunca se plantearía: “El arte, el conocimiento, el amor de la naturaleza tienen un puesto considerable en mi vida”. El mundo le basta, la religión es para él sólo un punto de fuga de la realidad del mundo, de la posibilidad de conocerlo científicamente. su búsqueda de conocimiento se mueve siempre dentro de un perímetro de rigor que querría tomar de las ciencias exactas para adquirir mayor certeza.
Después de los años setenta del siglo XX, todos los investigadores en ciencias humanas se enfrentaron con Lévi-Strauss, con su método. Él, en cambio, no se enfrentó con ninguno: siempre dio la misma respuesta a sus críticos, en sustancia sosteniendo que las preguntas, en el fondo modestas, que él hacía al material de investigación, eran las únicas legítimas, esto es, las únicas que garantizaban la cientificidad del proceso de investigación. Aquél que hacía otras caía en un terreno minado, no creíble, no científico, y acababa marginado de la comunidad científica. La influencia de esta aproximación a la antropología, se sabe, ha sido inmensa, aunque quizás todavía más ha sido la ejercitada oblicuamente en otras disciplinas ligadas al estudio del hombre, por ejemplo, la historia.
Obviamente, las críticas más fuertes han sido las suscitadas a propósito de la modestia de sus preguntas, de la renuncia a la búsqueda de un sentido profundo. Pierre Bourdieu, en su Le sens pratique, sostiene como de este modo escapa de la “espesura de la realidad”. Si Sartre se limita a reprocharle el poco lugar dejado al sujeto, es más radical Lévinas, que por otro lado tenía tanto en común con él —tienen la misma edad, provienen del mismo ambiente, y viven durante décadas aislados, a poca distancia, sin conocerse jamás —, que denuncia su pensamiento anónimo, Lévinas en sustancia sintetiza su crítica con esta frase severa: “El ateísmo moderno no es la negación de Dios, sino la indiferencia absoluta de Tristes trópicos. Pienso que es el libro más ateo que se ha escrito en nuestros días, el libro más desorientado y desorientante”.
También si el abanico de sus intereses fue muy amplio, de América al extremo oriente — durante años cultivó un fuerte interés por la cultura japonesa — de las ciencias humanas al arte, Lévi-Strauss nunca se interesó en la tradición judaico-cristiana, limitándose a algunos juicios venenosos sobre la influencia nefasta de los misioneros sobre las culturas primitivas (algo que no le ha impedido, sin embargo, utilizar con frecuencia material etnográfico recogido por los propios misioneros). Si fuese obligado a interesarse en una religión, había dicho, la única posible sería el budismo.
En este rechazo a afrontar las raíces de la cultura occidental, esto es, de su cultura, se halla, en sustancia, la profunda diferencia que lo separa del otro gran antropólogo francés, Renée Girard. Girard se pregunta por el sentido profundo de cada texto, de cada tradición, y sobre todo enfrenta el nudo central de la diferencia entre la tradición judeo-cristiana y las otras religiones, llegando a comprender, así, el rol resolutivo e innovativo de la figura de Jesús. Una elección cristiana abierta que lo pone en neta contradicción con la actitud relativista sostenida por Lévi-Strauss en las comparaciones de las religiones primitivas. Lévi-Strauss nunca respondió a las pungentes críticas de Girard, probablemente porque no consideraba científicos sus libros, sólo literatura.
Por una curiosa ironía de la historia, después de que en los últimos años haya pasado de moda su método de investigación, el estructuralismo, de Lévi-Strauss permanece sobre todo su extraordinaria habilidad de escritor, que se ha confirmado, el año pasado, con la publicación de toda su obra en la Pléiade. Quizás no es mucho para un intelectual que quería que las ciencias humanas llegaran a ser científicas.
(©L’Osservatore Romano – 5 novembre 2009)